Pablo Tosal. Nacido en Arrecifes el 25 de febrero del 68 pero marplatense por adopción. Se inició en las inferiores de Quilmes y desde allí ayudó a construir el sueño quilmeño de jugar en Liga Nacional. Logró los primeros ascensos con Quilmes y tuvo su gran premio en 1994 cuando Guillermo Vecchio lo convocó para el Mundial del 94 en Canadá.
Fue el mejor sexto hombre de la temporada 92/93, pero en realidad fue el eterno sexto hombre de Quilmes. Solo faltó que le trajeran a Espil en su puesto. Relegado siempre por ser el hombre de la casa, el que da la mano desde el banco, el que salva las papas, parecía conveniente tenerlo en el banco.
El primero en entrenar, el último en irse, hizo de la disciplina del entrenamiento y la voluntad de superación sus armas. También siempre fue el último en arreglar su contrato cada año, esto parece inevitable cuando se es hijo del club.
Se ganó su lugar en la selección en base a su tenaz defensa, pero fue dueño de un letal tiro de tres puntos aprovechando como nadie las ventajas del recurso moderno del triple.
El zurdo siempre vivió de manera especial los clásicos con Peñarol. De hecho por más estrellas que trajeran en su posición (escolta) siempre sumaba minutos como un titular. En un recordado partido en Once Unidos en el super clásico, fue expulsado el técnico rival Néstor García quien vio el segundo tiempo desde la boca del vestuario y desde allí sus únicas indicaciones fueron: “Marquen a Dominé, marquen a Dominé!”. Fue el corazón y el motor de Quilmes antes del descenso.
Fue integrante del equipo que descendió al TNA, acaso el único de un compendio de estrellas que no jugaba para sus estadísticas. Su camino con Quilmes se separó desde allí.
Cuando tatuarse todavía no era una moda adolescente, sino todo un símbolo, Eduardo se tatuó el indio quilmeño en su brazo derecho. Pero nunca más pudo volver a jugar en “su” club. Hace tres años atrás tuvo la posibilidad del regreso y algunos intermediarios accionaron para que tuviera sus últimas dos temporadas en el club. Pero el regreso una vez más se vio frustrado.
Anoche el club Quilmes entendió que Eduardo merecía un reconocimiento y por primera vez en su historia liguera accedió a retirar una casaca de su equipo. Se fue el número cuatro con el nombre de Domine brillando en la dorsal. Un reconocimiento que le puso fin a la carrera del histórico referente quilmeño.