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Archivo Pickandroll

30 DE ABRIL DE 2008
Liga Nacional
De cal y arena
La temporada 07/08 para Quilmes pasó dejando muchas cosas para analizar, también marcó el fin del ciclo para Oscar Sánchez, el técnico emblema de la Institución. El periodista Daniel Serratore, quien siguió a Quilmes dos temporadas completas por todo el país, hace un análisis detallado y exclusivo para Pick and Roll de la vida del equipo y profundiza en las situaciones que vivió.
Daniel Serratore. Corría agosto de 2007 cuando un grupo de dirigentes enfrentó a la prensa y por ende a su público comprometiéndose a bregar por un año más en la Liga Nacional de Básquetbol. Previamente, la historia inmediata les había dado un cachetazo, no desde lo competitivo, sí desde el incumplimiento de un objetivo: finalizar entre los cuatro primeros –campeón en el mejor de los casos -, que apenas cerró una tibia conclusión en cuartos de final.

¿Los dirigentes?: del Club Atlético Quilmes. ¿La prensa?: marplatense. ¿El público?: quilmeño. Una participación 2006/2007 que tenía una meta ambiciosa con un equipo caro, un emblema boomerang en Sebastián Ginobili, y una temporada tan ambigua como otras tantas, con Regatas de Corrientes como verdugo.

Ahora, el mensaje era otro: “equipo de garra, de actitud”. 15% menos de presupuesto, jugadores que no habían sido protagonistas en equipos anteriores y la esperanza de girar el juego en un extranjero de dulce palmarés: Antonio Reynolds Dean.

¿Puede haber sido abril de 2008 la marca de una temporada exitosa?. Si se segmenta agosto de 2007 (“equipo de garra....”) y abril de 2008 (entró en los ocho mejores, perdiendo en cuatro juegos con el - hasta entonces- mejor equipo de la competencia), la respuesta es sí. Pero alguna vez Albert Einstein, fundamentando su revolucionario concepto que marcó un antes y un después en la historia de la ciencia, aseguró y demostró que “todo es relativo y depende del punto de vista de observación”. ¿Hay otros puntos de observación?. Siempre.

Culminar la primera fase entre los mejores cuatro para luego terminar cayendo tan abrupta y estrepitosamente en todo concepto, fracasar nuevamente en los clásicos y volver a respirar un malestar en el ambiente, parecía determinar que a pesar de que el cierre de Liga fue decoroso, la franquicia volvió a frustrarse por no lograr generar –después de quince años- tranquilidad de una vez por todas, con un proyecto serio y común, una base de equipo, más personalidad a la hora de competir con Peñarol e imponer presencia dirigencial frente a la Asociación de Clubes.

Con el pie derecho

El equipo comenzó siendo una sorpresa, culminando una primera fase brillante aunque con la habitual mancha de perder con Peñarol y por paliza.

Todo marchaba sobre rieles. Efectivamente se mostraba más garra que buen juego, con algunos pasajes de lucidez y lo que se suponía: todo concepto ofensivo giraba a partir de las posibilidades de Antonio Reynolds, un oficioso de la pintura con gran movimiento de pies, una escuela de juego posteado uno contra uno y enorme capacidad de reversión del balón para abrir juego perimetral y espacios.

A todo esto, el símbolo de la sorpresa era un pequeño as bajo la manga. Alguien que sabía combinar su parsimonia santiagueña con inteligencia y talento: un tal Nicolás “Penka” Aguirre, con el único antecedente de participar en el mundial U-19 de Serbia con la Selección Argentina.

Ese Quilmes ilusionaba, Hernando Salles conducía bien y se apoyaba en el –a veces excesivo- recambio del “Penka”. Eduardo Villares, uno de los nacionales más atléticos en su puesto comía del juego de Reynolds y el fugaz Mark Karcher, alero pesado pero con un tiro más que respetable completaba un perímetro a tener en cuenta. Finalmente, Ezequiel Dentis, suplía con actitud su falta de fundamentos técnicos.

Desde el banco, el aporte de uno de los mejores lanzadores a pie firme de la Liga, Maximiliano Maciel, del por muchos desconocido Diego Romero, con matices de pívot yanqui y garra latina, y Selem Safar cargando la mochila de ser “el pibe del club”. Sebastián Porta, bien gracias. Jamás contó con el respaldo del entrenador, salvo cuando la situación lo exigía, y las tradicionales metidas de pata de Oscar Huevo Sanchez (“es hora de darle pista a (Facundo) Piñero”) con un resultado final por todos conocido. El joven terminó yéndose a España.

Sobre el cierre de fase, Karcher le confesó al DT que no se sentía a gusto y que no estaba rindiendo. Llegó desde algún lugar del planeta un hombre con más salto que cabeza para jugar. Espectacular en sus movimientos, pobre en su aporte equipista, Antown “Superfly” Hall reemplazaba ese puesto. Brilló en su debut frente a Obras en Capital, gran victoria y puntos de todos los colores. Parecía que Quilmes había encontrado al hombre para animarse a sentirse candidato.

Primer puesto compartido con Boca, segundo por diferencia de puntos a favor, pero ¡qué va!. Campañón hasta allí.

Lo que el viento se llevó

El inicio de la segunda fase significaba llegar a la verdadera Liga, donde el todos contra todos ida y vuelta no permite lugar a excusas ni evasiones. Y lo que comenzó fue una verdadera hecatombe.

Un conjunto de factores negativos jamás puede conducir a un buen resultado. La suerte existe y puede tapar huecos, pero no es eterna.

Lo único que produjo el tricolor en la primera rueda de esa segunda fase fueron algunas victorias agónicas como local frente a equipos débiles. Luego, papelones por doquier en todas las canchas de la Argentina, rumores sobre atrasos en los sueldos, pésima relación entre Oscar Sanchez y los dirigentes, disgusto de los jugadores con toda la estructura, malestar de los hinchas con el equipo, deterioro físico de Reynolds, incapacidad para definir la dupla de extranjeros, y si se le suma a todo esto la evolución lógica de los demás equipos con el correr de la temporada... sólo quedaban dolores de cabeza.

Nuevamente el discurso del técnico preocupaba, porque resultaba ser que “Villares y Hall son incompatibles”. Por supuesto, Villares tuvo banca para encontrarse en el equipo aún tardando en aparecer… Hall no. Y a no ser porque la dirigencia no le permitió cortarlo en un principio, el Huevo tuvo que seguir con el contorsionista extranjero.

El inicio de 2008 fue para el olvido, las Fiestas habían sido contraproducentes –si había que buscar excusas- y aquel equipo que semanas atrás era el cuco del torneo pasó a una realidad más palpable en relación a su presupuesto.

La guerra Sánchez-Dirigentes estaba declarada, desaires, rumores, desplantes, disputas de poder, celulares apagados y públicos atrasos en los sueldos fueron el cóctel definitivo para terminar siendo un equipo completamente deslucido, ajado, pacato e inerte.

La rodilla rota de Antonio Reynolds era la frutillita podrida de un postre vencido, los scouting rivales ya sabían que ante una lesión de Aguirre Quilmes jugaría con un solo base y cualquier equipo con recambio en la conducción, por malo que fuera, dejaba al cervecero sin cerebro.

Y “Superfly” voló tal como le gustaba pero para otros rumbos, arguyendo que sentía que estaba “robando la plata”, y el equipo soportó un fin de semana con medio extranjero (Reynolds diezmado), y dos foráneos que no se subieron al avión con excusas poco creíbles, y derrotas, y cada fin de semana cayendo un puesto más, y Peñarol Campeón de América, y, y…¿y?.

Tras haberse acostumbrado el plantel a perder los dos de visitante y ganar sólo uno de local, en algún viaje Reynolds fue honesto con el entrenador: “no puedo ayudarte más”. Los psicólogos americanos no podían creer la honestidad de los extranjeros que pasaban por Quilmes, que parecía un retiro de autoayuda más que una institución.

Finalmente apareció un saltarín llamado Carl Edwards, muy bueno corriendo la cancha y con un tiro a tener en cuenta. Y tras “Las confesiones del Sr. Reynolds” llegó un nuevo galán a la novela llamado “Harold Arce queeee?... Arceneaux, sin hache, con ce y equis al final. Y se dice arcenó”.

El cierre de la segunda fase fue decoroso por dos triunfos categóricos frente a Atenas y Quimsa y dos derrotas dignísimas frente a Boca.

Resultado final: pasar de un glorioso puesto 3º en noviembre a un apático puesto 11º en marzo, siendo el segundo peor clasificado a playoffs y con la segunda peor marca de visitante: 2-11.

Un final feliz

La historia dijo que el rival en la reclasificación sería Atenas de Córdoba. El más ganador de la historia de la Liga llegó en baja a los playoffs, para muchos el verdadero torneo de toda competición basquetbolística.

Justamente cuando Quilmes había recuperado el concepto de equipo, a pesar de que los piquetes por el paro del campo lo hicieron llegar tarde a Córdoba.

Un primer juego brillante –para lo que había sido el equipo semanas atrás- un Atenas apagado y un revés clave. El tricolor se llevó el juego 1. El segundo partido demostró porqué estaba mejor Quilmes. Aunque Atenas lo dominó en su totalidad y lo ganó, tuvo dos chances de quebrarlo para ganar ampliamente y el cervecero siempre le acechó y pudo robárselo. El “Griego” no era un equipo con personalidad.

En Mar del Plata, dos victorias sufridas pero merecidas, partidos parejos pero con un Atenas que no demostraba poder llevárselos. 3 a 1, objetivo cumplido, y a Sunchales para tratar de cerrar una campaña decente.

Libertad triunfó en cuatro juegos (3-1) con claridad y autoridad, aunque sólo en dos mostró ser mejor que su rival.

Quilmes fue irregular y tuvo altibajos, pero cumplió el objetivo puesto en septiembre. Desde allí, un éxito. Sufrió, perdió cinco de seis clásicos, hizo papelones en muchas canchas, fue inseguro e inestable. A futuro, hay que buscar nuevo entrenador, empezar de cero con el equipo, establecer un proyecto definitivo de formación de jugadores, elegir un representante fuerte para la ADC, exigirle respeto al Coprosede, mejorar la relación dirigentes-plantel, tomar una determinación con respecto a la localía –sobre todo en los clásicos- y definir dónde va a estar parado cada septiembre de cada año. Demasiados problemas para una franquicia seria y responsable con más de quince temporadas en el máximo nivel. Desde allí, una frustración.

por Daniel Serratore (*)
especial para www.pickandroll.com.ar

(*) Daniel Serratore fue el relator de las transmisiones de Radio Brisas por dos años consecutivos siguiendo a Quilmes por todo el país.
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